Quería esperar a tener una foto, pero eso es esperar demasiado. Espero que para dentro de un par de días la pueda colgar.
Y no es un gato. Es mi periquito, una bonita cría que dentro de un tiempo será un apuesto macho. Por ahora es una nenaza que se asusta hasta del aire, pero un bicho al que le he cogido mucho cariño. La artífice de que tenga en mi casa un nuevo pájarico(un sugus para el que adivine en qué parte la gente el sufijo -ico) cantor es mi querida Melwiki.
¿Por qué es Missi II? Porque antes tuve un Missi, también un periquito. Y sí, tenía una razón para llamarle así; estrategia de supervivencia, pensada por un brillante niño(yo) en sus primeros cursos de primaria. Los gatos cazan periquitos, los gatos tienen nombre de gato, los periquitos tienen nombre de periquito; por tanto, si un periquito tiene nombre de gato no queda claro si es un periquito o un gato, al menos para el gato, que como Piolín demuestra siempre es más tonto que el periquito. Entonces, el periquito confunde al gato, y el gato, ante la duda de si caza un periquito o un gato, pasa olímipicamente y va a cazar un ratón. Pobre gato, por cierto, si se topa con Cornholio, el ratón de leningrado, experto en escapismo.
¿Qué más decir sobre Missi II? Todavía es pequeño, pero come mucho para ser pequeño, aunque parezca que no, orque cada vez que meto la mano en su jaula para cambiarle la comida y el agua se asusta. Bueno, cada vez menos.
Es un poco tonto, la verdad. Le dejo la puerta de la jaula abierta y no quiere salir a volar. Peor para él; claro que supongo que es porque está acostumbrándose a la habitación. Pobrecito, tan apocado que tan poco pía. Bueno, excepto cuando ponemos la cafetera: ¡pues que sepas que no te voy a dar café, que es una droga y es malo!
¡Todo el café para mí! ¡MUAHAHAHAHAHA!