Vuelvo, vuelvo a no encontrarme, a querer saber dónde estoy, a dudar de la realidad y de la duda. No sé si te encontraré, yo, o si escaparás de mí por los siglos de los siglos.
Pero te busco.
Y, a pesar de todo, sigo creyendo en el amor. A pesar de que parece que él juegue conmigo como si me gastara una broma macabra, o como si no me quisiera él, el amor.
Es un clavo ardiendo, es una milésima de esperanza, es un hilo que las Parcas quieren cortar. No les quiero dejar.
Es rojo de sangre y de pasión, verde de fresco y de podrido, azul relajante e inquietante.
Una habitación circular en la que busco una esquina donde esconderme, la desnudez del alma, el ojo del lagarto.