BAJO EL CIELO DE ORIÓN
Creo que no sé lo que pienso
y que al final mi vida es
hierro forjado con papel,
cenizas de un fiero fuego.
Qué fuerte llegué a creerme
y qué débil era entonces
hormiga frente a gigante
declive triste de un hombre.
Pero una noche vi a Orión
señalándome el camino,
brújula mi corazón
libertad como destino.
Perlas que fuerte brillaban
bajo la luna en mi rostro,
mis ímpetus emanaban
sabiendo que al fin era otro.
Noté el olor de la hierba,
verde, penetrante, fresca,
tendí la mano al amigo,
le miré fijo a los ojos
y le pregunté:
¿No ha llegado por fin
la hora de combatir?
Sólo me dijo: ``Sí´´.
