Categoría: Relatos
2 Julio 2007
Me gustaría hablar del mundo, pero hoy tengo ganas de hablar de mi vida; quede por delante que no es nada del otro mundo, pero tengo una necesidad inmensa de eliminar metáforas y pensamientos filosóficos, e ir directamente al grano.
Tengo lo que se podría llamar una "vida perfecta". Al menos más de uno lo vería así. Soy un buen estudiante, y he conseguido hacer prácticas un verano antes de lo normal, lo cual me permitirá tener tres veranos de prácticas en vez de dos. Además, durante el curso me dedico a muchas actividades extraacadémicas geniales: monitor te catequesis, comunicación alternativa, taller de escritura creativa, y Alter Paradox. Esto último es una asociación de tiempo libre y ocio alternativo de Navarra; por ocio alternativo léase rol, juegos de cartas, juegos de mesa y juegos de estrategia, principalmente.
Y, ahora viene la mejor parte, tengo una novia que es la mejor, así de simple.
Pero siento que camino sobre el filo de la navaja, que el equilibrio es muy precario. Una sola cosa que vaya mal me descoloca y causa un torrente de reacciones en cadena, y no sé cómo arreglar el mayor desorden de mi vida, que no lo voy a decir, pero puede salir caro.
Y ahora, en contra de lo que he dicho algo, empiezo a filosofar: y sólo se me ocurre citar a Shakespeare: "Ser o no ser, he ahí el dilema". No digo cuestión, porque más que cuestión es dilema. Ser, o no ser.
El problema es que no soy yo quien va a decidir exactamente si ser o no ser, sino que va a ser otra persona. Y no sé qué será, o qué no será.
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3 Enero 2007
Escribí esto el día 30 para un taller de escritura en el que estoy. Pero me ha gustado demasiado, y no por la calidad de escritura, que es baja, sino por la idea del relato. Habedlo aquí:
LAS PIEZAS NO ENCAJAN
Algrus paseaba mientras pensaba en su plan perfecto justo cuando vio a un niño en la calle con unas castañas, y vio al castañero, al que se acercó, y ante todo el mundo gritó:
_¡Ese hombre me ha copiado el negocio, mañana iba a abrir un puesto de castañas!
Lo cual podría haber sido cierto si el castañero hubiera sido reciente, pero llevaba trabajando en la misma plaza quince años. Todo el mundo miró a Algrus, al que por supuesto tomaron por loco, juicio al que ayudaban sus ropas raídas, su pelo largo, mugriento y piojoso, y su olor a comida de escarabajo pelotero.
Un aura de dos metros de diámetro rodeaba al viejo chiflado y actuaba como perfecta barrera ante intrusos, lo que le permitía pasear y decir lo que quería impunemente. Pero siguió pensando en su plan. No había dado resultado.
Al doblar la esquina entró en un bar, y vio una maquinita, en la que echó una moneda de veinte céntimos. El crédito le duró media hora entera, y ante la mirada de toda la parroquia se fijó en una tele.
_¡Yo inventé las teles!¿Es que no me creéis?
Por supuesto, el camarero le echó de una fuerte patada. Tanto que se Algrus permaneció en el suelo horas y horas, hasta que vino una ambulancia. Diagnóstico, cuatro huesos rotos, lo que no obstó para que el pobre hombre (y hombre pobre) dijera:
_¡Yo inventé los vendajes y las ambulancias!¡Me lo han plagiado!
Así las cosas, tras un mes de convalecencia en el hospital (en el que le asearon, ¡qué cambio!), Algrus fue enviado a un psiquiátrico, al ver que seguía con su canturrina día tras día. Según él, le habían plagiado hasta el color de la pared.
Pero todo iba sobre ruedas para el chiflado.
En el hospital, siguió con su frase preferida, haciendo reir a todos los locos. Se dejó barba, esta vez arreglada, y se hizo muy amigo de otro interno llamado Tetris, pues ese era su juego favorito, en el que empleaba por lo menos cinco horas al día.
Algrus empezó a jugar a dobles al tetris con Tetris, y se entretenían, pero no era más que parte de su plan maestro. Siguió intimando con Tetris, y practicando al tetris. A los dos meses estaba a punto de ganarle, cosa que a su compañero le empezaba a inquietar. La tormenta vino cuando un día le ganó por paliza.
_¡Es imposible!
_No, ¡no lo es!
_¡Sí!
_Dime, Tetris, ¿dónde aprendiste a jugar así?
_Yo sólo.
_¡Mientes!
_Demuéstralo.
_Déjame revisar tu bolsa.
Realmente no esperó respuesta, pues fue directo a su habitación, le cogió la bolsa, y de ella sacó un libro: “Aprende a jugar al tetris”, por Tetris. Algrus cogió el libro y fue hasta la sala común. Entonces gritó:
_¡Ese hombre ha plagiado mi libro!
El asombro fue general. Pero prosiguió:
_¡Le acabo de ganar! ¿Alguien más lo ha conseguido? Pues ya está.
_¡Tiene razón! _ gritó Tetris, quien se echó a llorar como una niña_. ¡Y que sepáis que no estoy loco!
_ Ni yo.
_ Ni yo.
_ Ni yo.
Las voces de los internos resonaban una a una, repitiendo lo mismo. Cuarenta enfermos mentales diciendo “ni yo” siendo observados por un par de médicos y cuatro guardias de seguridad. Algrus se alzó.
_¡No estamos locos! ¡Queremos libertad! ¡Amotinémonos, esos médicos nos quieren plagiar nuestro intelecto superior que llaman locura, a por ellos camaradas!
_¡A por ellos!
_¡A por ellos!
_¡A por ellos!
Sólo añadió Algrus una cosa más.
_¡Tetris es un espía! ¡A por él primero!
_¡A por él!
_¡A por él!
_¡A por él!
servido por bardonegro
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6 Noviembre 2006
Lo prometido es deuda, así que os voy a relatar la historia de mi Rol en Vivo, del que podéis encontrar más información en la web de Alter Paradox y en la de Pecados Desenterrados, que así se llamaba la partida. También hay un vídeo en youtube. Y éste de los ojos poseídos era yo.

Gloria y pena de un traidor
Miguel Soroya llegó a Pamplona aquella noche con un sólo propósito: evitar que el Sabbat se hiciera con el control de la ciudad. Tarea nada sencilla si uno pertenecía a ese grupo, donde la traición se pagaba muy cara. Tampoco le importaba demasiado morir, al fin y al cabo ya lo estaba, y nunca quiso ser un vampiro.
Jamás olvidaría ese reclutamiento forzoso, ese sufrimiento y esa tortura. Lo había mantenido en secreto demasiado tiempo, pero ni una noche más. La ciudad vivía tranquila, y no permitiría que el Sabbat se hiciera con su control.
No era fácil. Era un Lasombra, con sólo verle, cualquier otro vampiro enemigo de su grupo dispararía antes de preguntar. No podía pedir ayuda, a pesar de que ser el más feroz enemigo del Caliz de Tinieblas. Estaba dentro de él y eso era todo.
Había llegado hasta aquí, así que no iba a amedrentarme. Nos reunimos y nos presentamos. Genial, teníamos muchas divisiones internas, empezando por la lucha entre Sentino e Ignatius por el poder.
Aun así, no podía actuar solo, tenía que conseguir aliados, y la única forma de conseguirlos sabiendo que no me traicionarían era atándolos a mi sangre. Primero lo intenté con una bella negociadora, pero su sentido de la alerta hacía la tarea demasiado arriesgado. Seguí pensando... ¡el malkavian! Era un médico a las órdenes de Sentino. Lo vincularía y conseguiría que no le curara... sólo tenía que meterle una bala desde las sombras.
Y, ciertamente, lo conseguí. Pero estaba vinculado a Sentino, cosa que no le hacía mucha gracia, sólo había que encontrar la forma de matar a mi jefe. Un trabajo sucio que me hizo “La Mano”, en unas negociaciones con los anarquistas. Perfecto, nadie del sabbat devolvió el disparo; no queríamos a Julio.
Sin embargo, fue entonces cuando el malkavian nos durmió a todos, y cayó bajo el influjo de un extraño toreador, que resistió su canción de cuna. Al sonsacarle que yo le había vinculado... intentó matarme. Fue un milagro que no lo consiguiera; ojalá lo hubiera hecho. También hablamos con los tecnócratas, y uno de ellos, no muy listo, cayó bajo mi vínculo. Lástima que no conseguí gran cosa de él.
Acto seguido despertamos todos, y nos recogimos. Por cierto, Ignatius y otros tres vampiros faltaban...
Por eso Kraus, el líder Tzimisze, se hizo con el cáliz de sombras, y gracias a otro guerrero la sombra que confiaba en mí (iluso), conseguí llevar, al menos temporalmente, la batuta en el clan lasombra. Así que Kraus decidió ir a negociar con los anarquistas. Yo, en segundo plano y con un rifle y, ¡oh, sorpresa! El que me había casi matado era su líder.
Realmente, no me gusta que me maten, así que me oculté y tras apuntar durante un rato, atravesé su milenario cráneo con una preciosa bala, tras lo que desaparecí con mi excepcional habilidad para esfumarme delante de los ojos de cualquiera. La lucha comenzó(algo que desaba), esperaba yo (equivocadamente), que la fuerza bruta de los anarquistas pudiera contra los “míos”.
Tenía poca sangre, así que cacé en nuestro territorio; al menos eso intenté, porque los anarquistas ya habían saqueado todo. Allí me encontré con los tres desaparecidos, estaban tratando con el propio príncipe Sagrat para luego traicionarle. Genial, podía entrar en contacto con la Camarilla y vender a su príncipe el Sabbat.
Pedimos audiencia con Sagrat, pero sólo el guerrero (me extrañó porqué no la negociadora), habló con Sagrat. Demasiado tiempo, tanto que los otros dos nos fuimos. Tres extraños compañeros de viaje, y yo desconfiaba de los dos. Pero sabía que el guerrero era un traidor, sólo por su secretismo.
En esto que volvimos con lo que quedaba del Sabbat. Había que elegir un líder; aunque habían ganado a los anarquistas, Kraus estaba muerto. Mierda, fue lo primero que pensé, no tenía que haber confiado en la fuerza bruta de esos capullos descerebrados. Pero sabía que algunos confiaban en mí. Tenía que arriesgarme, me ofrecería para guiarlos hasta la batalla con la Camarilla, hasta la perdición, si mandaba yo. Pero esa negociadora hizo que me descubrieran. Podía haberla matado y haberme ganado el respeto cuando me hizo esa pregunta inquisitiva, pero me bloqueé y sólo pude huir. Aun vampiro, tenía reparos para matar, ella no me había reclutado.
Huí, y acabé en el elíseo de la Camarilla. Esperaba que antes o después me mataran ellos mismos, más pronto que tarde. Asistí a la muerte de Ignatius, y me alegré porque el era un peso pesado en el Sabbat. Conseguí incluso llevarme bien con una toreadora, y a poder hablar con los Ventrue. Oí extaños rumores de que Sagrat estaba muerto, lo que resultó ser mentira, por cierto.
Pero Arikel, esa arpía, había sido comprada por el guerrero Lasombra, y me envenenó. Ni siquiera tuve tiempo para pegarle un tiro, y allí caí. Para siempre, en la oscuridad, con el alivio de que esa noche el Sabbat sería exterminado por uno de ellos... pero esa es otra historia.
servido por bardonegro
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20 Septiembre 2006
Alfredo salió de casa vestido de gris, con un paraguas para no mojarse. Iba a dar uno de sus amados paseos bajo la lluvia, cuando las calles estaban vacías, los bancos libres, la hierba de los parques virgen, y no había más voces que las de las gotas de agua al chocar contra el paraguas, la piedra, el cemento, los coches, o los cristales.
En esta soledad buscada sólo podía pensar en la compañía. Recordó el día en que los continuos retrasos de su amada le dejaron de parecer adorables, y empezaron a molestarle. Poco después, dejó de llamar ganas de hacerlo bien a su perfeccionismo paranoico. Por último, empezó a molestarle que ella estuviera, a menudo, cansada.
Fue, pensaba él, como el mordisco a la manzana de Adán y Eva; el mundo dejó de ser un hogar cálido para mostrarse como la cruda realidad que es. Tuvo que aceptar que amaba a una persona con defectos y no a una descafeinada princesa de la antigüedad. ¿Cuánto le costó? No lo consiguió a la primera, ni a la segunda, ni siquiera a la tercera. Realmente no estaba seguro de que lo hubiera conseguido alguna vez.
Por casualidad, entre divagación e ilusión pasó frente al banco donde, años atrás, diera su primer beso. Se sentó exactamente en el mismo lado que aquella tarde de primavera, pero esta vez sus posaderas se mojaron, naturalmente. No era lo mismo pero era igual, estaba viviendo de nuevo aquellos tres o cuatro segundos que parecieron treinta. Pero al fin el fin, y desde hacía diez años no la veía.
¿Dónde estaba ella? ¿Esperando? Él, desde luego, a pesar de que ella no lo sabría, sí. Quizá algún día se volvieran a cruzar, y se saludarían; con un poco de suerte ella seguiría soltera, o divorciada. Y, aunque no fuera así, le quedaría el consuelo de un último reencuentro.
Ya no lloraba por aquel error, sólo pensaba en él una vez a la semana, dos en otoño. Algo había fallado, y era el haber huido de la vida. Cobarde, sí, pero, ¿no hace lo mismo el resto de la gente?
servido por bardonegro
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18 Agosto 2006
Esta mañana buscaba mi pendrive. En su lugar, he encontrado algo mucho mejor: un werther's original. Ahí estaba, solitario en una bolsa que antaño albergó toda una familia de esos deliciosos dulces con sabor a miel. Pero no era un caramelo, era el caramelo; y tampoco era una bolsa, era la bolsa.
Yo no los compro, por mucho que me gusten. Sólo hay una persona que pudo haberlos comprado. Hablo de mi abuela. Sí, cuando tenía 16 años todavía era igual que el anuncio, sólo que con mi abuela.
Tras tan incalculable hallazgo, sólo podía hacer una cosa. Comérmelo. Me he tumado en la cama a descansar unos minutos mientras saboreaba tan delicioso manjar que, más de un año después de la muerte de quien me los regaló, me recordaba a ella.
Delicioso recordar a una persona tan querida de una manera así, con un regalo suyo perdido en la marabunta de mis cajones que tiempo después rescato por una extraña serendipia.
Han sido cinco minutos. Cortos como diez segundos, intensos como horas. Imposible no disfrutarlo. Quizás cualquier otra persona desearía, en una situación así, que esa persona volviera. Yo no. Vivió lo que tenía que vivir, y murió rodeada de su familia, cuando su cuerpo y su alma dijeron basta. ¿Para qué alargar una vida que no debe ser alargada, cuando nos espera una vida infinitamente mejor a la otra orilla de nuestra existencia física en este mundo?
No puedo sino recordar unos versos del poeta Jorge Manrique:
Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma a quien se la dio
(en cual la dio en el cielo
en su gloria),
que aunque la vida perdió
dejónos harto consuelo
su memoria.
servido por bardonegro
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16 Agosto 2006
-Di di di.
-Di di.
-Di.
-¿Qué?
-No sé.
-Pues no digas que diga nada.
-Vale, no lo digo.
-Bien.
-Bien.
Decir mucho sin decir nada. A veces tengo la sensación de que lo que se escribe en muchos sitios es mero afán de llamar la atención, de tener un minuto de gloria. Dígase de columnistas varios, y el obligado-y generalmente muy mal redactado- editorial periodístico que dice lo que ya sabemos que va a decir casi sin leer el título.
Hay mucho besugo del habla y de la pluma suelto por el mundo. ¿Qué le vamos a hacer?
servido por bardonegro
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21 Junio 2006
¡Oh, traición!
Te conocí cuando
menos te esperaba,
Cáliz tan amargo,
muerte, en dolor, vida, antaño
grata,
de ilusión feliz, de sueño amigo.
Palabra asesina, puñal insultante,
¡Por qué a mí!, ¡Qué te he hecho!, ¡Dímelo!
-----------
¡Mejor no! La herida
cicatrizará,
la marca quedará,
¡Pero no la toques!,¡no la hagas más grande!
Déja que, en mi soledad, sane.
-----------
Polr fin te digo,
¿Qué puedo esperar de
ti?
servido por bardonegro
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25 Abril 2006
Es decir el día 17 de abril, hoy voy a contar una partidita de rol que jugué allí por Rentería: ''El consejo de Dharlizzst''.
Y Dharlizzst no es una persona, es una ciudad de elfos que habitan la infraoscuridad (de los malos), ni el consejo lo da nadie. Se refiere a un consejo, el gobierno de la ciudad, que se reúne para decidir algo muy importante: llevar a cabo un ritual. Para la ocasión, la matrona de la casa más importante de la ciudad ha decidio abrir una parte de su casa a quien quiera ir.
Tiene buena pinta. Me intento apuntar. ¡Maldición, todos los personajes están llenos! Qué decepción, era lo que más ilusión me hacía de los encuentros rúnicos, una partida inspirada en el mundo de una de mis sagas favoritas, El Elfo Oscuro, de R.A. Salvatore. Comentándolo con mi novia, de repente aparece una chica. Resulta que es la novia del máster. Se interesa por mi situación. Comprende que soy uno de los pocos entendidos del tema. Con sus armas de mujer influye en su novio ( un tío muy majo) para que mi novia y yo juguemos. ¡Gracias Eva (creo que te llamabas así...)!
Soy un elfo de un clan desconocido que quiere dominar el mundo (psé, típico en los malos). Sólo que tengo un mayor conocimiento del ritual. Sé que va a salir mal. Quiero que salga mal. Liberarán una bestia de inmenso poder destructivo, poco menos que el apocalipsis, entonces mi clan saldrá de su letargo y controlará la bicho y se hará dueño del mundo.
Todo marcha sobre ruedas. Había matado una dragona argéntea y llevado su corazón para la matrona de la primera casa. El corazón era imprescindible para el ritual. Tengo, además, un colgante que me inmuniza contra la magia y es capaz de eliminarla por completo cuando desee.
Hablo con los drows. Con complicados tejemanejes consigo lo que quiero de la matrona, y sin tener que hablar con ella (no vaya a ser que descubra mi colgante y me lo quiera quitar). Me hago buena reputación cuando la gente se entera de mi gesta contra la dragona.
Pero me voy más de la cuenta de la lengua. El insignificante representante de una casa menor se lo dice a un descastado, un don nadie. Pues bien, resula ser el dragón pareja de la dragona que había matado, sólo que con forma drow. Me descubre y se descubre. Me mata. Mata muchos drows. Pero al final la matrona le mata. Y el ritual se lleva a cabo.
Perfecto, he conseguido mis objetivos (aunque me hayan caído encima dos toneladas de dragón argénteo). Seré el héroe de mi raza cuando esta domine el mundo.
servido por bardonegro
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